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La formación emprendedora del joven científico

En la sociedad del conocimiento no pueden estar subempleados, hay oportunidades para captar más jóvenes.

La formación emprendedora del joven científico
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En la mañana del sábado, después de finalizar una clase en la universidad, una alumna preocupada me esperaba en la puerta con semblante decaído y sonrisa liviana casi forzada, traía entre sus manos un formulario de recomendación para una universidad del extranjero. Hacía tres años que había concluido su titulación en el Perú y aún no encontraba trabajo. Su entusiasmo de estudiante de pregrado se había transformado en permanente preocupación de desempleada. Se sentiría menos que el ambulante de la esquina, con todo su conocimiento no era capaz de ganarse siquiera el salario mínimo vital.

Personas como ella hay muchas, han estudiado cinco o seis años en pregrado, luego dos o tres haciendo su titulación, pero al final sus expectativas de empleo son frustrantes. Ellos siempre pensaron que serían los futuros investigadores, profesores universitarios pagados por el Estado. Había estudiado física en una universidad pública. Para ellos, el Estado es su único empleador, el paradigma de la educación universitaria en ciencias básicas (física, química, biología) es de mucho saber y poco hacer. Procuran alcanzar las mayores notas en los promedios anuales, resolver los problemas más difíciles de los libros, manejar con pulcritud los equipos del laboratorio y preparar brillantes informes, así pasan años en laboratorios, conferencias y artículos. Sus mentes están repletas de estructuras abstractas, fórmulas y simulaciones. Pero no les enseñaron a ser promotores de su propio empleo; sus profesores eran y son ejemplos del Estado empleador, nunca tuvieron contacto con las empresas, ni de sus éxitos o problemas. El Perú y sus riquezas no pasaron por sus aulas, por ello el resultado final es un subempleado más y los problemas del país siguen intocados. Ante esa situación, en un simposio de estudiantes de física propuse dos tópicos: el primero, “científico emprendedor”, y el segundo, “retos del joven universitario”, que son los siguientes.

Respecto a lo primero, el problema de depender solo del Estado como empleador y la escasa disponibilidad de oportunidades de autoempleo han reducido la posibilidad de su empleabilidad, este reconocimiento por la juventud y los padres de familia impactan directamente en la escasez de estudiantes de ciencias en las universidades, cuyo impacto negativo para el país son el reducido número de estudiantes de posgrado en ciencias, escasa participación del conocimiento científico a la solución de problemas nacionales, poco número de profesionales de ciencias, debilitamiento del carácter científico de las instituciones, reducida aceptación social de la ciencia y, finalmente, limitado apoyo político a la ciencia. Frente a ello, es indispensable incrementar las posibilidades de autoempleo a fin de hacer más atractiva para la juventud seguir estudios de ciencias básicas. En esa dirección, una solución tiene que ver con la formación en pregrado con tópicos relacionados con el emprendimiento de base tecnológica (startup, canvas, design thinking, proyectos, financiamiento, innovación, ruta tecnológica) (Paradigmas, Vol.8.N°12, Concytec, 2009); también las facultades de ciencias deberían disponer de unidades de gestión I+D+i (NTP 732-003, 2011).

En lo segundo, cuando el joven universitario ingresa a la universidad, sus padres aspiran a que su hijo sea una persona exitosamente empleada. Sin embargo, los indicadores de una buena universidad no se relacionan con el porcentaje de estudiantes que, terminado sus cinco años, también dispongan de la tesis terminada, empleo o ingreso a posgrado en cualquier universidad del mundo si quisieran continuar sus estudios. Los indicadores suelen ser: número de publicaciones y patentes. Entonces, queda en el propio alumno alcanzar los retos prácticos: titulación, empleabilidad y posgrado. Usualmente el joven sale sin titulación, sin empleo y finalmente sin posgrado. La propuesta es asumir el reto de manera personal, los tres a la vez: 1°) Estando en el sexto o sétimo ciclo buscar un problema vigente en el país, visitando lugares cotidianos, sea de su ciudad inmediata o de algún lugar del país; anotar en su cuaderno aquellas necesidades cuya solución beneficiaría a más de 10,000 personas; 2°) Proponer una solución al problema (punto 1°) mediante su especialidad (una técnica física, o química o biológica); 3°) Compartir la investigación (2°) con especialistas en el tema (profesores de su universidad y del extranjero). Si ocurre el punto 1°, tu investigación tendrá demanda, con el punto 2° los estudios de especialización (ciclos 8, 9 y 10) se orientarán a su solución (orientado al hacer), de manera que si se concluye el trabajo, el joven podrá patentarlo o vender su propiedad intelectual o convertirlo en emprendimiento (generar su propia empleo); y, finalmente, con el punto 3° se inicia el contacto con profesores nacionales e internacionales, que se interesarán en la investigación y le ofrecerán apoyo para su culminación (dos años para su tesis de titulación) y continuar con su posgrado. De esa manera, el joven ataca los tres retos a la vez y con su producto impacta a la solución de problemas concretos de su entorno y del país. Manos a la obra en las universidades que forman científicos; en la sociedad del conocimiento ellos no pueden estar subempleados, hay oportunidades para captar más jóvenes siguiendo estas propuestas. Sin ciencia no hay futuro para nuestro país.


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