La última ola de la globalización trajo consigo, en líneas generales, un aumento de la desigualdad dentro de los países y un acelerón en la convergencia entre las economías en desarrollo y las avanzadas. La crisis del coronavirus, sin embargo, va camino de echar por tierra esta segunda parte de la historia: mientras la renta por habitante sufrirá hasta 2022 una merma del 22% en los países emergentes (sin China) y del 18% en los países más pobres, el retroceso se quedará en el 13% en el bloque rico. Todos saldrán perdiendo, pero los que más necesitan el crecimiento para reducir sus brechas sociales serán también los que salgan peor parados de la covid-19, según los datos publicados este miércoles por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Una tendencia que exacerbará el, hasta la fecha, lento despliegue de las vacunas en las naciones con menos recursos.
La economía mundial está ante una encrucijada, y la pregunta es si se tomarán medidas para evitar esta Gran Divergencia”, subraya la directora gerente del Fondo, Kristalina Georgieva, en una declaración con un destinatario claro: los ministros de Finanzas y los banqueros centrales del G20 (el foro que agrupa a las mayores potencias económicas del planeta), que se reúnen telemáticamente el viernes para pasar revista a la crisis. “Hay un riesgo importante de que las economías avanzadas y algunas pocas emergentes se recuperen más rápido mientras la mayoría de países en desarrollo languidecen en los próximos años, (...) especialmente aquellos que más expuestos están a los sectores más golpeados como el turismo o el petróleo”.



