El panorama económico mundial sigue ensombreciéndose. La economía global se está ralentizando más rápido de lo previsto y la escalada de tensiones comerciales –entre Estados Unidos y China–, y políticas –por el gran riesgo de un Brexit duro–, pueden poner en peligro un crecimiento que ya de por sí es frágil. Es el mensaje que ha lanzado este jueves la OCDE tras rebajar sus previsiones de crecimiento y estimar que el PIB mundial se ralentizará al 2,9% este año y al 3% el que viene, el ritmo más débil desde la crisis financiera de 2008. Por ello, pide a los gobiernos que detengan la espiral de incertidumbre y que hagan uso de su artillería fiscal para amortiguar la desaceleración.
El organismo con sede en París, que reagrupa a 36 de las economías más desarrolladas del planeta, ha rebajado tres décimas su previsión de crecimiento para este 2019 y otras cuatro para 2020, respecto a sus últimas proyecciones de mayo, en línea con una tendencia que se extiende en las mayores economías. Esos mismos descensos se aplican al G20 con un crecimiento previsto del 3,1% y del 3,2%, mientras que en la eurozona el ajuste es más leve, de una y cuatro décimas, hasta una subida respectiva del 1,1% en este año y del 1% el siguiente.
Tras un ascenso de la economía mundial del 3,6% en 2018, sus conclusiones para el corto plazo son tajantes. El panorama se ha vuelto "cada vez más frágil e incierto", atizado en gran parte por las tensiones comerciales y políticas que minan la confianza y la inversión. En mayo ya había rebajado sus perspectivas, y en este nuevo informe la organización ratifica que, según los últimos acontecimientos económicos y financieros, la ralentización durará más de lo previsto.
El peso de la incertidumbre reinante recae sobre todo en la guerra comercial entre Estados Unidos y China y en la perspectiva de un Brexit sin acuerdo. La introducción de tarifas bilaterales entre Washington y Pekín desde principios de 2018 seguirá arrastrando la actividad y el comercio global en los próximos dos años y "podría reducir el incremento global del PIB en entre 0,3 y 0,4 puntos porcentuales en 2020 y entre 0,2 y 0,3 en 2021.
Y, aunque esos dos países anotan dos de los incrementos más elevados para los próximos dos años, la OCDE subraya que también serán los más afectados. De momento, el organismo calcula que la economía estadounidense crecerá un 2,4% en 2019 y un 2% en 2020, cuatro y tres décimas menos que en las previsiones de mayo, y que la china avanzará un 6,1 y un 5,7%, lo que supone un recorte de una y tres décimas.
La posibilidad de que el Reino Unido abandone la Unión Europea sin acuerdo el próximo 31 de octubre es otro de los factores más desestabilizadores, con costes sobre el comercio y un impacto sobre la economía británica que podría hacer que el país cayera en la recesión.
A diferencia del informe publicado en mayo, en esta ocasión la OCDE solo ha revisado de forma detallada la situación de los países del G20, grupo del que no forma parte España. Para Francia, mantiene su proyección para 2019 (+1,3%) y le resta una décima para 2020 (+1,2 %), mientras que para Alemania, el ajuste más importante, de dos y seis décimas (+0,5% y +0,6%).
La economista jefa de la OCDE, Laurence Boone, sí ha querido recalcar en la presentación de las perspectivas, en referencia a la celebración de nuevas elecciones generales en España el próximo 10 de noviembre que "teniendo en cuenta lo extendida que está la incertidumbre actualmente,
cualquier cosa que la eleve no es una buena noticia". En su informe de mayo, el organismo ya avisó de que el consumo privado, principal motor de crecimiento del PIB español, podría ser inferior al previsto de persistir la situación de incertidumbre política, ya que ello minoría la confianza del consumidor. No obstante, Boone ha añadido este jueves que la organización no está en estos momentos "inquieta" por la economía española, de la que ha valorado su mejor resistencia en comparación con la media de la zona euro.
El impacto de esta coyuntura sombría se deja sentir también en la calidad de vida de los ciudadanos. Las perspectivas de una mejora continuada de los ingresos a medio plazo es más débil que antes de la crisis financiera, y el crecimiento per cápita en los últimos años también se ha mantenido por debajo.
La OCDE subraya que la necesidad de políticas macroeconómicas adicionales ha crecido en la mayor parte de economías y concluye que deben aplicarse con urgencia políticas que fortalezcan la confianza, calmen las tensiones comerciales, estimulen la inversión e impulsen el crecimiento potencial.



