América Latina (AL) necesita revertir la tendencia observada en las últimas décadas de un débil crecimiento de la productividad. Este es un requisito para la recuperación en la etapa pospandemia y para que la región comience a recorrer un camino de convergencia a los niveles de ingreso per cápita de países más avanzados. Hay que trabajar en la reducción de costos aduaneros y de fronteras, además de mejorar la infraestructura.
Así lo señala el presidente ejecutivo de CAF, Sergio Díaz-Granados, al subrayar que la apertura comercial y una mayor inserción internacional de las empresas en el comercio de bienes y servicios pueden convertirse en instrumentos muy útiles para alcanzar este objetivo.
Ello, al permitir la expansión de la producción más allá de los límites de los mercados domésticos, generando economías de escala y mayor especialización o diversificación en nuevos productos, impactando positivamente en la productividad.
“Estos beneficios se ven fortalecidos por las oportunidades que la misma apertura proporciona para integrarse en cadenas globales de valor, que además impulsan la transmisión de tecnologías y conocimientos y facilitan el acceso a insumos críticos para permitir la diversificación productiva y la especialización”, indica en el informe Caminos para la integración: facilitación del comercio, infraestructura y cadenas globales de valor.
Por mejores resultados
Refiere que la mayoría de los países de la región ha estado involucrados en los últimos 30 años en políticas de apertura comercial implementadas en forma unilateral, multilateral y en el contexto de acuerdos comerciales alcanzados en la región y con socios extrarregionales.
Comenta que si bien estas políticas han supuesto aumentos en el comercio e inversiones, su magnitud ha sido más bien modesta.
“De hecho, la participación de América Latina en las exportaciones globales no se ha modificado sustancialmente y el impacto sobre el crecimiento no se condice con las expectativas que se habían generado”, dijo.
Explicó que una razón detrás de esta situación radica en que las medidas de apertura mencionadas no implicaron aumentos significativos y sostenidos en el intercambio intrarregional. En contraste, cuando se observan los altos niveles de participación en el comercio global de otras regiones, como el Este y Sudeste de Asia, Europa o América del Norte, el componente regional de dichos flujos es un aspecto crítico.
Aun teniendo en cuenta diversos factores, como el menor tamaño de sus economías, que harían esperar que AL presente menores niveles de intercambio intrarregional, los países de la región comercian poco entre sí.
La cercanía geográfica no parece haber tenido un impacto significativo en términos de menores costos de comercio, hecho que sí se ve en otras regiones y bloques económicos y que impulsa el intercambio entre economías vecinas, aseveró.
Espacio regional El informe de CAF considera la hipótesis de que la baja inserción internacional de las empresas en América Latina se debe en parte al escaso aprovechamiento del espacio regional como complemento de una estrategia de expansión global de las exportaciones.
Esto pone, por lo tanto, el foco en la retroalimentación y los beneficios entre la apertura regional y global, o lo que se ha dado en llamar regionalismo abierto.
“América Latina ha avanzado sustancialmente en la reducción de aranceles y barreras no arancelarias, tanto a través de estrategias unilaterales como de negociaciones regionales y extrarregionales. Pero para aprovechar estas reducciones en costos del comercio vía aranceles y barreras no arancelarias se debe actuar en otras dos áreas importantes de la integración”, asevera.
En primer lugar, hay que trabajar en la disminución de los costos aduaneros y de frontera, además de procurar mejoras sustantivas en la infraestructura de transporte que faciliten la integración física entre los países.
Esta infraestructura de conexión vale para el transporte de mercancías, pero también para otros bienes, como la energía, en la que la ventaja de la cercanía geográfica desempeña un papel central en la facilitación del intercambio.
Regulación doméstica
En segundo lugar, adoptar regulaciones domésticas y regionales (por ejemplo, normas de origen o incentivos a la inversión externa directa de tipo vertical) que promuevan la integración productiva entre las economías, estimulando la participación de las empresas en cadenas globales de valor que, como muestra la evidencia para la Unión Europea, América del Norte y el Este y Sudeste de Asia, tienen un componente regional importante.
“Ambos tipos de medidas favorecen el intercambio de insumos y productos intermedios, lo que, a su vez, fomenta la especialización y las ganancias en productividad”, destaca.
De acuerdo con CAF, esta agenda de medidas asociadas con la facilitación del comercio, la inversión en infraestructura y la integración productiva son iniciativas menos sujetas a controversias políticas o ideológicas.
Por lo tanto, la viabilidad de su concreción es alta y permite establecer un camino pragmático hacia una mayor integración de las economías tanto a escala regional como global, agregó.
Cadena de valor
El menor dinamismo del comercio intrarregional en AL podría explicarse en parte por la menor participación de los países en cadenas globales de valor, que tienen un fuerte componente regional. La participación en estos eslabonamientos productivos promueve el intercambio de insumos intermedios y el comercio intraindustrial, el cual se acelera a medida que las economías se especializan y los procesos productivos se fragmentan en mayores etapas. La fragmentación de la producción es beneficiosa porque resulta en ganancias de especialización a lo largo de toda la cadena productiva. No obstante, estas ganancias pueden verse amenazadas y generar altos costos por fenómenos naturales o por guerras comerciales que interrumpen en forma brusca el normal abastecimiento de insumos, sobre todo cuando la fragmentación de la producción va acompañada de reducción de inventarios por la implementación de sistemas de producción en línea.
Como consecuencia, podrían incentivar un proceso de re-shoring y near-shoring, en el cual las firmas prefieren abastecerse de proveedores más cercanos geográficamente (dentro del mismo país o en países vecinos) y por consiguiente dar un mayor empuje a los procesos de integración y cadenas de valor regionales, que podrían ser más resilientes ante estas vicisitudes (Actis y Zelicovich, 2020).



