Hace un tiempo me invitaron a dar una conferencia en el extranjero. En esa oportunidad conocí a otro de los expositores, Niren Chaundry, CEO de una conocida empresa de comida rápida a escala mundial. Conversábamos sobre qué tan decisivo es el sueldo en la felicidad.
Me decía que es, efectivamente, un factor importante el hecho de tener una retribución justa; sin embargo, no necesariamente es el disparador principal. Incluso se podría creer lo contrario si observamos que en el mismo sector se está pagando más por hacer lo mismo.
Más allá de las gratificaciones, lo más importante en el trabajo (esta es la clave) es el compromiso y la satisfacción que nos produce sentir que estamos contribuyendo a algo valioso, que ayuda al crecimiento de la empresa y que nos mejora la vida.
Entonces, para ser felices en el trabajo podemos comenzar con aceptar la realidad y a los demás tal como son: conocernos y aceptarnos a nosotros y a nuestros equipos con sus fortalezas y debilidades y tener expectativas realistas y adecuadas sobre el trabajo.
En vez de exigir a las circunstancias y a los demás que se amolden a nuestros deseos, lo mejor será aceptarlos y, a partir de ahí, trabajar en aquello que se puede mejorar.
Si lo hacemos, lograremos una fuente segura de aceptación y motivación.
La felicidad laboral está en valorar lo que tenemos y no frustrarnos por lo que nos falta.
No quiero decir que seamos mediocres, sino que siempre tengamos las ganas de aprender y mejorar.
Decía Luis Huete, profesor en una conocida universidad de los Estados Unidos de Norteamérica (EE. UU.) que la gestión de la felicidad implica necesariamente que vivamos con un propósito en la vida (y por ende, en el trabajo), que disfrutemos de lo que hacemos y hagamos que los que están a nuestro cargo lo disfruten.
Quizá el mejor trabajo no es aquel en el que la empresa sea la mejor pagadora, la más grande o la que más facture, sino en el que las personas tengan la sensación de estar donde quieren estar, logrando ganarte la cabeza y el corazón del equipo de trabajo. Cabeza cuando hablamos de que reciban un salario justo y corazón a que se les escuche, entienda y valore.
Pasamos más de la mitad de nuestra vida laborando. Cambia el ‘Odio mi trabajo’ por el ‘Me encanta mi trabajo’.
Piénsalo bien, analiza para qué eres bueno, qué es lo que más te gusta hacer y qué puedes hacer para que los demás disfruten y mejoren, para luego identificar en qué momento se entrecruzan todos estos puntos.
Después de todo, la persona que vivirá de esas respuestas serás tú.
